El feriado XXL, mientras en La Libertad Avanza todavía se buscaba al responsable por la inclusión del polémico artículo 44 que establecía un nuevo régimen de licencias por enfermedad, Javier Milei ofició de bombero para apagar cualquier interna y abrazó a Patricia Bullrich, la jefe del bloque libertario en el Senado, quien estaba siendo señalada puertas adentro por hacer "una de más y sin consultar". La foto, en la Quinta de Olivos, pretendió blindarla de lenguas filosas que ya se empezaban a escuchar pero al mismo tiempo propició un cambio en la estrategia dispuesta por el Presidente para aprobar la reforma laboral cuando hasta los aliados del PRO empezaban a desmarcarse. La historia es conocida: finalmente el oficialismo en la Cámara de Diputados subió la oferta de la ex ministra de Seguridad de reescribir ese tramo que había sido agregado a último momento y accedió a eliminarlo de cuajo, lo que posibilitó que sufriera menos de lo previsto para
"Fue toda de Javier porque nos encarriló a tiempo: cortó por lo sano", admitió un estrecho colaborador del Presidente, que aunque no suele meterse en las negociaciones parlamentarias decidió intervenir luego de sus habituales "trackeos" en la red social X y su momento de escucha radial. Al cabo, el razonamiento "bilardista" de Milei primó para zanjar diferencias con la oposición dialoguista y, en especial, para reforzar la intención de aislar al kirchnerismo y a la izquierda. Es algo que se propone para todo este año en el que quiere contar con "el Congreso más reformista de la historia".
"Vamos a ser todo lo pragmáticos que tengamos que ser. Mejor una ley a un 50 por ciento de lo que queremos que una ley perfecta sin concretarse: como dice el Presidente, no somos libertarados", grafica una alta fuente del Ejecutivo sobre el cambio en la dinámica con la oposición.
"Pasamos de estar colgados del travesaño y aguantando el resultado, a atacar y meter todos los goles posibles", agrega. La idea, completó una importante voz del Ejecutivo, "es imponer la agenda todo el tiempo" con las reformas "de segunda generación".
Ex que a la Modernización Laboral, el Régimen Penal Juvenil y el Acuerdo del Mercosur con la Unión Europea debatidos durante las sesiones extraordinarias, el oficialismo busca sumar un amplio abanico de propuestas: la aprobación de la Ley de Glaciares, cambios en las leyes de Financiamiento Universitario y de Discapacidad y. como anticipó este diario, el nuevo Código Penal, un audaz paquete tributario que quedó pendiente, y la reforma electoral. De esas iniciativas hablará en su discurso del 1 de marzo, en la apertura de sesiones ordinarias del Congreso, donde apelará "a agradecer a la gente por el esfuerzo" realizado en los dos años y al mismo tiempo señalará que "se empiezan a ver resultados".
A ese menú, Milei evalúa el momento para sumar una nueva Ley de Inteligencia Nacional, luego de que en enero se desatara polémica por los cambios realizados por DNU a la vigente Ley 25.220. La intención de la Rosada es remitirla en marzo próximo al Congreso.
Mientras la oposición espera que empiece el período ordinario para intentar voltear el decreto de necesidad y urgencia 941/2025, en el Gobierno trabajan en una reforma más profunda "para jerarquizar la SIDE, profesionalizarla y despolitizarla" tomando como ejemplo a los mejores servicios de inteligencia del mundo. La idea -según deslizaron desde el Ejecutivo- es que complemente al DNU de inteligencia y podría contener parte del polémico decreto.
"Queremos darle estabilidad al personal: en otras palabras, que sepan que si viene el kirchnerismo, no los van a revolear por el aire, como hizo Alberto Fernández". No es una exigencia pero sí un paso fundamental para aceitar más los lazos con Estados Unidos.
Los cambios en Inteligencia se dan en un contexto adverso para el asesor Santiago Caputo, quien por el momento mantiene el manejo del área pero cuyo poder se ha visto recortado desde las elecciones legislativas. Aunque en su tropa le aconsejan avanzar, Karina Milei lo tiene en stand by y se aboca a dominar por completo la mesa política del Gobierno.
El rol de Caputo, que supo ser el arquitecto de la administración durante el primer año, hoy luce acotado y sólo su vínculo inquebrantable con Milei lo mantiene a resguardo de la hermanísima presidencial, que aprovecha cada oportunidad para marcar su distancia.
En la madrugada del viernes, con la excusa del triunfo parlamentario, subió una foto de quienes realmente escucha en esa mesa: Manuel Adorni, Diego Santilli, los primos Eduardo y Martín Menem, y el secretario de Asuntos Estratégicos, Ignacio Devitt, el nuevo mimado de la escudería del primer piso de Casa Rosada. No estuvo Caputo. "Santiago no fue a Diputados porque ya no se ocupa más de hablar con la oposición, no hay nada raro", relativizó con cierta malicia una fuente de la mesa política. Desde el entorno del asesor no trascienden reproches por el nuevo esquema de poder.
Karina, por otro lado, se jacta de la eficacia de su equipo, que con distintos gestos se aseguró el respaldo de los gobernadores peronistas y otros aliados. No fue sólo con recursos, como el ATN que recibió el tucumano Osvaldo Jaldo a fin de año: se advierte un pacto de no agresión electoral con varios de ellos. La primera muestra se dio en la sesión y en la previa al debate: se les pidió a los legisladores libertarios que no usaran el momento para cuestionar a los caciques locales.
La Ciudad también quedó exenta de críticas hasta que hizo ruido la ausencia para el quórum de Fernando de Andreis, mano derecha de Mauricio Macri. "Dijo que tuvo un problema y llegó tarde, pero es el único del bloque que no controla Cristian (Ritondo)", abundaron en Balcarce 50. El día después a la votación, apareció Lilia Lemoine, alfil de Karina, y le pidió explicaciones públicas al jefe de Gobierno porteño, Jorge Macri, por una contratación que ejecutó Valentín Díaz Gilligan, un hombre de su primo, en el Ente de Turismo.